Descripción
Un libro monumental en la estela de su consagratorio Black out: la crónica de María Moreno sobre su invalidez después de un ACV que le paralizó todo el lado derecho del cuerpo. «María Moreno es la más inteligente de las cronistas, la más amable si quiere y la más despiadada si lo necesita. Como cronista de sí misma es monumental. Y nadie como ella para contar el cuerpo, en este caso el propio». Mariana Enriquez En el obcecado esfuerzo por recuperarse de un ACV que le paralizó el lado derecho desde el rostro a los pies, María Moreno observa lo que ocurre con su propio cuerpo y el de los que la rodean en la UCI, las habitaciones de una clínica asediada por el covid y la sala donde los kinesiólogos la torturan con el mandato motriz: ¡a caminar! Del sexo pago al que puede aspirar la postrada, los influencers «disca» en TikTok, las ventajas y desventajas de amputarse un miembro para colocarse un garfio de carbono al cambio de estilo producto de la proeza práctica de escribir con la izquierda que mutila el barroco que era su marca? Con una ferocidad mordaz y una endiablada y novedosa ternura para consigo misma, esta autora cardinal empuja al desvío la suerte de toda la literatura en español de las últimas décadas. Contra el abismo de sí misma, el abismo de un idioma. Ante el vacío de una nueva existencia, el gesto de mirarse refleja la extrema vulnerabilidad de la especie. Y su pertinaz deseo de vivir.La crítica ha dicho: «Un estilo tan bestial como resplandeciente para narrar la historia de un derrumbe físico que se hace literatura».Daniela Pasik, Clarín«Somos muchos los que consideramos a María Moreno la mejor cronista argentina de todos los tiempos y una de las voces documentales más lúcidas de la lengua, entre otras hipérboles razonables». Jorge Carrión, The New York Times «La verdad de Moreno es una norma de estilo, de un gran estilo plebeyo». Carlos Pardo, Babelia«La merma es un diario de rehabilitación, un ensayo político sobre el cuerpo enfermo, una pieza de orfebrería narrativa escrita con esfuerzo físico extremo. Moreno trabaja el lenguaje como si fuera un músculo que también necesita volver a moverse». Verónica Abdala, Página/12