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Esparrago rock, a contrapelo

Esparrago rock, a contrapelo

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Descripción

?Cepillar la historia a contrapelo?, que aprendimos de Walter Benjamin (2021), significa mirar al pasado desde la incomodidad, sin buscar consuelo ni embellecimiento celebratorio. La exposición Espárrago Rock. A Contrapelo parte de esa noción para ensayar una lectura en presente del impacto y la trayectoria de uno de los festivales más emblemáticos de la historia cultural reciente en España. La exposición, inaugurada en el mes de marzo de 2025 en el Crucero del Hospital Real de la Universidad de Granada y posteriormente presentada en dependencias municipales del Ayuntamiento de Huétor Tájar, propone un recorrido de carácter rizomático, diseñado para propiciar asociaciones no lineales en torno al legado de este festival. Imágenes, textos y objetos, carteles, fanzines, entradas, camisetas, recortes de prensa, materiales audiovisuales, testimonios orales, grabaciones domésticas y otros soportes gráficos conforman una cartografía de huellas desde la que es posible esbozar una genealogía crítica del Espárrago Rock, articulada en torno a las tensiones estructurales que atravesaron este evento cultural durante los años que estuvo activo en Huétor Tájar y luego en Granada. De este modo, el legado del Espárrago Rock hace posible una reflexión desde la que desenterrar relatos silenciados y evidenciar los conflictos y dinámicas de poder que el paso del tiempo ha ido velando. La narrativa de este proyecto expositivo y editorial abarca las diez primeras ediciones del festival, desde su surgimiento en 1989 en Huétor Tájar ?en el contexto de la Feria Agrícola del Espárrago (FADESPA)? hasta su consolidación en Granada a finales de la década de 1990. El recorrido expositivo no sigue un orden estrictamente cronológico, sino que se configura como una cartografía de tensiones, apuestas estéticas, conflictos y deseos vinculados a lo musical, lo social, lo político y lo territorial, dimensiones particularmente significativas en aquel momento y aún relevantes en la actualidad. El enfoque se desplaza hacia el denso entramado contextual que dio forma al Espárrago Rock: un espacio de movilización de culturas juveniles, movimientos sociales, redes de activismo, diseño independiente, fricciones con las instituciones y transformaciones en el uso del espacio público, entre otros muchos aspectos que, sin duda, reaparecerán en la memoria de quienes visiten la muestra o se acerquen a esta u otras publicaciones sobre el tema. El archivo que activa la exposición ?compilado gracias a la generosidad de muchas personas e instituciones, compuesto tanto por materiales recopilados como por otros generados específicamente para esta ocasión (entrevistas, vídeos, publicaciones o pódcast)? se plantea como una herramienta para facilitar la crítica. Su propósito es abrir preguntas en torno a las condiciones que hacen posible el desarrollo de una cultura autónoma, poner en cuestión la sostenibilidad de sus prácticas y propiciar una reflexión sobre el papel movilizador de la música en el contexto social en el que estas iniciativas suelen tener lugar. Uno de los aspectos más fértiles del proyecto es su mirada hacia los márgenes, ya que no se limita a las escenas musicales minoritarias o a los lenguajes disidentes. La investigación preliminar y la puesta en sala también abordan las tensiones internas del propio festival, desde los primeros enfrentamientos con las autoridades, pasando por las presiones económicas, hasta las críticas que llegaron tanto de sectores conservadores como de ciertos ámbitos de la izquierda. El Espárrago Rock se movió constantemente en un terreno complejo y, a menudo, incómodo. Fue un espacio de encuentro y a veces de choque entre distintas formas de entender la creación y la política. Su evolución cronológica refleja esta tensión permanente entre lo local y lo global, entre lo artesanal y lo profesional, lo rural y lo urbano. De los primeros conciertos de Los Ilegales en Huétor Tájar a las multitudinarias ediciones granadinas con Sonic Youth o La Polla Records, el festival mantuvo un extraño equilibrio entre crecimiento y autenticidad. Incluso cuando en 1993 dio el salto al recinto ferial de Armilla con presupuestos que se multiplicaron por quince, supo conservar ese espíritu de urgencia que lo caracterizaba. Las crónicas de la época hablan por igual de mosh pits descontrolados que de talleres de malabares, de macroconciertos que de exposiciones de fotografía marginal, conferencias y jornadas universitarias. Por estas y otras muchas razones, la potencia del Espárrago Rock residió precisamente en su capacidad para escapar a cualquier definición unívoca. ¿Era un evento underground? Sí, pero con un alto presupuesto. ¿Un proyecto institucional? Quizás tampoco, aunque surgiera de un ayuntamiento. Esta ambigüedad calculada, que tanto irritó a puristas de uno y otro signo, fue en realidad su mayor aportación, ya que consiguió demostrar que era posible habitar los intersticios del sistema cultural. Su ambivalencia fortalece su potencia crítica, pero también es lo que nos exige acercarnos a su historia, como proponemos, ?a contrapelo?. Entre Huétor Tájar y Granada, el Espárrago Rock dibujó durante una década un mapa alternativo de la España de los 90. Este festival ?que, como decíamos, comenzó como modesto acompañamiento de una feria agrícola en 1989? pronto trascendió su condición musical para convertirse en un fenómeno cultural de gran alcance donde confluyó una generación ávida de nuevos lenguajes. Lo que aquí se presenta no es solo la documentación de ese evento, sino la cartografía de una sensibilidad que hizo de la contradicción ?o de cierto espíritu de contradicción? su bandera. Desde sus primeras ediciones, el Espárrago Rock comprendió que la batalla cultural no se libraba solo en los escenarios. Las ilustraciones de Azagra, las viñetas subversivas de El Jueves o el humor ácido de publicaciones como Makoki funcionaron como verdaderos manifiestos visuales. Estos elementos gráficos, lejos de ser meros acompañamientos estéticos, constituyeron un lenguaje político en sí mismo, capaz de articular discursos sobre identidad, disidencia y memoria colectiva. Encontramos un ejemplo de esta actitud cuando en 1992 el festival cuestionó irónicamente el V Centenario del ?descubrimiento? de América; lo hizo no solo con lemas y canciones, sino con una iconografía que convertía los espárragos en símbolos de resistencia. Una historia a contrapelo del Espárrago Rock en Granada. Detrás de cada cartel, de cada fanzine distribuido en las gradas, latía una red de complicidades que convertía al festival en algo más que una sucesión de conciertos. Las carpas de electrónica con proyecciones experimentales, los mercadillos alternativos donde se vendían camisetas serigrafiadas junto a panfletos anarquistas, las campañas de prevención del SIDA en colaboración con organizaciones que trabajaban para cuidar de un consumo responsable como Energy Control, entre otras iniciativas, tejían un entramado social tan frágil como vigoroso. Esta publicación, concebida como coro de distintas voces y extensión crítica de la exposición, replica esa voluntad polifónica al entrelazar análisis o ensayos de corte más académico con testimonios descarnados más cercanos a la experiencia autobiográfica. Las contradicciones, lejos de ocultarse, se exhiben aquí como parte fundamental del relato. El mismo festival que cuestionaba el mercantilismo cultural acabó gestionado por una promotora profesional; el espacio que daba voz a colectivos antisistema recibía subvenciones públicas. Estas paradojas no son fallas en el discurso, sino pruebas de su complejidad. Como señala el diseñador Mauro Entrialgo en uno de los testimonios recogidos: ?El Espárrago era un monstruo que no sabíamos muy bien cómo alimentar, pero que seguía creciendo contra todo pronóstico?. Al recorrer esta exposición, con sus carteles originales marcados por el paso del tiempo, sus fotografías desenfocadas que capturan instantes robados, sus fanzines fotocopiados que

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  • Alexander Diaz

    Alexander Diaz
    Hace 7 meses

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  • Carlos Vega

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  • Guillermo

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